Kari Palonen, The Politics Of Limited Times: The Rhetoric of Temporal Judgment in Parliamentary Democracies (Nomos: 2008)
Joaquín Ortega (Politólogo. Escuela de Estudios Políticos y Administrativos, Caracas, UCV)
Decía Hannah Arendt que la política “trata del estar juntos, los unos con los otros, de los diversos…” y continuaba: “Los hombres se organizan políticamente según determinadas comunidades esenciales en un caos absoluto, o a partir de un caos absoluto de las diferencias”. De esta forma, las disconformidades se desdoblan en torno a las percepciones de nuestras particularidades, y en especial de los límites y horizontes de la propia vida humana en sociedad. Así las cosas, el trabajo de Kari Palonen se arregla intelectualmente -desde sus primeras páginas- con los pies en la tierra, ocupándose límpidamente de la pertinencia en términos circunstanciales y de las demarcaciones reales de todo lapso humano, dentro de la actividad política.
Como recuadro de tratamiento, el tema retórico es capital. El ágora de la política contemporánea se circunscribe a la dinámica parlamentaria, al locus representativo, al correcto balance de quehaceres y cuidados, muy distinto al asambleísmo, donde, sin duda, se habla de excesos- Los parlamentos –al menos idealmente- consiguen controlar al ejecutivo, incorporar enfrentadas evoluciones ciudadanas, bosquejar un fresco del mundo de las minorías políticas, asemejando un laboratorio temático. Los parlamentos nivelan entre poderes, y de la manera más realista, calan los intereses de los partidos políticos, lo que hace, que se conviertan evidentemente, en máquinas incesantes de decisiones deliberadas. En tiempos de realidades mediáticas, también se enfrentan a los pesos mediáticos y al mundo de la doxa digital o 2.0 Los parlamentos definen, junto a los electores, las perspectivas y métodos para el bien común. Más allá del número de cámaras, de la fuerza mayoritaria –o no- y del tema de las coaliciones, parecieran seguir siendo un espacio fiable, para proponer metas dentro de una perspectiva que incluye períodos, objetivos, áreas, límites y evaluación de tareas.
En el capítulo 1 Times of Politics Kari Palonen, presenta una lectura del tiempo de la política, avanza un repaso a la propia complexión de las democracias parlamentarias. Se revisan, a manera de las capas de una cebolla, temas clave, en función del tiempo de vida, los llamados “momentum”, aparte de la evaluación de duraciones y calendarios. El autor nos muestra que hay que saber jugar con el tic tac del reloj de la realidad sociopolítica, y que al final del día, es un arte sorprendente, en donde Cronos y Kairos -en donde fortuna y virtú, diría Maquiavelo- se entremezclan, con el día a día, de un político en tiempo real. Aquí autores como Sarte, Benjamin, Kosseleck y Weber sirven de contrapuntos y amarres al tema de la realidad generacional, la libertad, el largo aliento -en fin, el llamado espíritu seglar- en vínculo con la edificación de un mundo ciudadano trenzado de palabras, reflexiones, decisiones, responsabilidades y recursos escasos. El momentum -esto es, la “habilidad del agente político para convertir al tiempo en ocasión”- será la herramienta imprescindible para que este animal social -que es el parlamentario o el político activo- se desenvuelva como un agente del cambio en su entorno y circunstancias.
Para el decisor, las líneas de acción se pudieran abrir infinitamente como si de un diagrama de árbol se tratara, pero al mantener un dialogo con el tiempo histórico presente, no pueden perderse de vista dos asuntos concretos y tangibles como lo son: la urgencia y la prioridad. Aquí, el calendario juega un papel fundamental, puesto que políticamente el ideario conecta a las grandes mayorías –en clave de ligazón entre razón y pasión-, el programa político plantea el desarrollo de las actividades en términos de líneas gruesas, y la agenda mensual, semanal o diaria vienen a ser el archipiélago de tramas, que estructuran el gran continente de la faena estratégica de amplio espectro. El momentum, se refleja a lo largo de la obra cuando se combinan sabiamente los estados variables del propio quehacer humano, toda vez, que indistintamente el agente político es primeramente candidato, luego será un funcionario elegido, luego funcionario en ejercicio –plantado a tomar decisiones, bajo popularidad o contra ella- Igualmente, se deben prever las diversas situaciones, que marcarán el fin del periodo de ejercicio, la transición y la rendición de cuentas.
Tal vez – y sólo bajo el escrutinio público más simple- serán las visiones de corto alcance las que le den mala reputación al ejercicio de la construcción de sociedades con sentido de progreso, pero eso ocurre, solamente cuando se las observa como un mero accidente de declaraciones cotidianas, y no como una sucesión de unidades deliberativas, con un fin posterior. Para Palonen, está claro que: “It is my thesis that professional politicians have become much more proficient in this art than other citizen-voters”. En pocas palabras, al contar con un tiempo limitado, las experticias retóricas cumplen una labor táctica, enmarcada dentro de un juego estratégico mayor, uno que no se descubre ni proclama constantemente, pero que existe, como una combinación de jugadas probables, dentro del tablero mental del dirigente experto y capacitado. Dicho juego de posiciones, debe ser plástico y flexible, en vista de que las directrices y responsabilidades, al interior de los partidos políticos, pudieran ser brida -o apoyo- para el político activo, dependiendo del contexto.
Como el autor reiteradamente nos recuerda, cada capítulo de esta obra se relaciona polémica y lógicamente con distintos aspectos del tiempo –pensemos en una definición todavía valiosa, como la del estado de las cosas sujetas a mutación- y su relación con la democratización de los espacios, los discursos, la alternancia en el poder. En momentos cuando –y donde- la política debe trabajarse día a día, es cuando en mayor medida la disposición, el oficio, la propia biografía intelectual, la pericia intersubjetiva y la habilidad artesana del parlamentario se ponen a prueba, en vista de que, cada lapso tiene una realidad -externa e interna- desigual. Así, el análisis del entorno asoma con un papel preponderante y es cuando, el científico y el político, se dan la mano en una sola persona, articulando al mal llamado “olfato”, junto al intuicionismo sistémico. De tal manera, en la mente del parlamentario concurrirán todos los módulos analíticos, en una decisión racional; toda vez, que se confronten las inspiraciones y percepciones individuales, frente a la data pura y dura.
Para Palonen la política tiene un ritmo, una suerte de cadencia cíclica, cuya mejor demostración se da en los tiempos pre electorales y electorales, hablamos de los términos “recurrencia” y “regulación”, por lo cual, se registran una serie de características “cuasi naturales” de evolución e integración de nuevas propuestas, de mantenimiento -o no- de las anteriores. Se podría decir, que es una suerte de aufheben hegeliano de dimensiones intermedias y de alcances controlados.
Para nuestro autor, el parlamentarismo es claramente una cultura retórica. Así lo afirma en el capítulo cuarto The Rhetorical Times of Parliamentary Politics. De cierta manera, los parlamentos soberanos son el lugar –los loci, en clave retórica- de los modos políticos de discusión. De hecho, la disputatio cuenta allí con el proscenio óptimo. El parlamento no es un lugar de reunión más, no es un club, no es una sociedad secreta, no es una peña de amigos, no es un círculo de lectores o un centro de doxa irresponsable. Así lo demuestran los procedimientos, los manuales de debate, la propia transformación de los procesos de entrada, salida, permanencia, validación de las decisiones, los refrendamientos públicos y la edición y publicidad de los temas examinados. El tema del contexto social y político resulta cardinal en este apartado, al resaltar las potencialidades –o no- de un espacio de discusión seguro para los actores, uno que no apareje ningún riesgo de sufrir daños físicos, reprimendas, vetos políticos o el inicio de causas civiles –sin dejar de lado, otros efectos para nada ficticios en diversas latitudes, como la amenaza, la muerte, el exilio o la cárcel-
Por otro lado, no hay renuncia a la arquetípica en su trabajo. Palonen sabe que existen distintos tipos humanos, y que en términos de estilo, modo y talante, las cualidades de los profesionales del debate también son parte de toda investigación, en modo comparado. Aquí, la influencia weberiana sigue siendo consistente, y el autor así lo destaca. Al final, el político se enfrenta -y debe manejar- contenidos, en cierta medida, epocales discontinuos, tales como la “densidad, la intensidad y la reflexividad” ante el tiempo, toda vez que se es un agente y por lo tanto causante, generador o provocador de transformaciones en sus múltiples entornos de operación.
El tiempo real, el corto plazo es un principio práctico y sobre todo una prioridad operativa para el político en ejercicio. De manera que, su músculo deliberativo, su fuerza retórica para -bien o para mal- se encontrará por encima de la de cualquier otro ciudadano-votante. Resulta inseparable aquella atención prestada, por el profesional parlamentario, sobre el entorno del querella, ya que, al mantener un entrenamiento constante -en especial en contenidos de discusión ante distintos frentes- está al corriente de la pertinencia y el timing en la apertura o cierra de debates, del seguimiento de temas de corto y largo aliento, de la generación de pausas consensuadas en las controversias, de la formación de alianzas temporales, amén, de un largo etcétera, en temas relacionados con la proxémica, el mantenimiento del orden temático y los cierres afectivos y cognitivos.
En el capítulo final The Temporal Subtext of Parliamentary Politics se aprecia un viaje al sentido común, al planteamiento de horizontes claros, de futuribles de corto alcance. No sólo, los pronósticos de corto alcance poseen el don de la precisión y el reacomodo, sino que incluso para la política parlamentaria, resultan una virtud, e incluso su mayor fortaleza. El sufragio igualitario, la alternancia en el gobierno y los procedimientos de un estilo retórico que convenza -pero que instruya a su vez- son claves para la subsistencia y perfeccionamiento de una política parlamentaria sana, viva y en especial más democrática y más justa.
Sin duda, este texto -al margen de su fidelidad y hondura contra fondos teóricos como el sufragio y la revisión del parlamentarismo inglés y francés- se empalma con una dimensión contextual de la historia de los conceptos, procurándole herramientas al político activo y a los ciudadanos-votantes para colocar en perspectiva su actividad diaria. Kari Palonen invita a reflexionar, tanto al teórico político como al ciudadano común, dejando muy en claro que la práctica retórica, enmarcada en el tiempo presente, genera un fortalecimiento tangible de las instituciones, de la democracia y de los ciudadanos, cuya participación será clave, para que la representatividad sea más eficiente y legitima, de manera que se adapte a los cambios, pero que también los produzca. La retórica, en su más amplio espectro nos civiliza y ayuda a reconocer las necesidades de los otros. Al fin y al cabo, como señalaba Platón, en el Gorgias: “supone en el alma tacto, audacia y grandes disposiciones naturales para conversar con los hombres”.
joaquin@ortegabrothers.com

